Creatividad y Producción9 minutos

La experiencia de un evento comienza en el objetivo comercial.

Una experiencia no comienza cuando el invitado llega al evento. Comienza cuando el cliente vive la forma en que la agencia escucha, entiende, responde y conduce el proyecto desde la primera reunión. Esa promesa de servicio luego debe trasladarse de manera coherente a cada punto de contacto con los asistentes.

Escrito por

Edgardo Costa

Fundador de ARS

Especialista en producción de eventos y consultoría para agencias, productoras y empresas.

Creatividad y Producción
Escena editorial de presentación de concepto al cliente en contexto profesional.

Cuando se habla de experiencia en eventos, es fácil pensar inmediatamente en aquello que vivirá el invitado:

La invitación.

El traslado.

La acreditación.

La escenografía.

La gastronomía.

El contenido.

La música.

Los momentos de sorpresa.

Todos esos elementos importan. Pero la experiencia comienza antes de que exista el primer contacto con el asistente.

Comienza cuando el cliente se reúne por primera vez con la agencia.

Desde esa conversación inicial, el cliente empieza a percibir el nivel de servicio que recibirá. La preparación de la reunión, la calidad de las preguntas, la capacidad de comprender el problema, la claridad para ordenar la información y la forma de responder ya pueden marcar la diferencia entre una atención ordinaria y una extraordinaria.

Por eso, la experiencia de un evento tiene al menos dos dimensiones conectadas:

  • la experiencia que vive el cliente durante todo el proceso;
  • la experiencia que finalmente vive el invitado.

Una agencia puede producir un buen evento y, aun así, entregar una experiencia deficiente al cliente durante semanas o meses de trabajo. También puede mantener una relación muy amable con él, pero fallar al traducir esa promesa de servicio en una experiencia consistente para los asistentes.

El verdadero estándar aparece cuando ambas dimensiones funcionan en conjunto.

Y ambas deben responder a una pregunta central:

¿Qué necesita hacer sentir la marca para cumplir el objetivo comercial de este proyecto?

Si esa respuesta no está clara, la agencia puede ejecutar correctamente muchos componentes y aun así construir una experiencia desarticulada.

El cliente también vive la experiencia

El cliente no evalúa únicamente el resultado final.

También experimenta:

  • cómo fue recibido su requerimiento;
  • si la agencia comprendió realmente el objetivo;
  • si las reuniones estuvieron preparadas;
  • si recibió respuestas claras;
  • si tuvo que perseguir información;
  • si los problemas llegaron acompañados de alternativas;
  • si percibió orden y control;
  • y si pudo confiar en que las decisiones importantes estaban siendo gestionadas.

Desde la primera reunión, la agencia comienza a construir una expectativa.

Puede transmitir que trabajará de manera reactiva, respondiendo solamente cuando el cliente presione. O puede demostrar desde el inicio que existe criterio, preparación, capacidad de anticipación y una forma profesional de conducir el proyecto.

Esto no significa prometer que nunca habrá problemas.

Significa que el cliente perciba que, cuando aparezcan, existirán personas capaces de comprenderlos, transparentarlos y construir un camino.

La experiencia del cliente comienza antes de que exista el evento. Comienza cuando la agencia demuestra cómo será trabajar con ella.

La primera reunión puede marcar la pauta

El nivel de servicio no se demuestra únicamente cuando aparece una contingencia.

Puede evidenciarse desde la primera conversación.

Una reunión ordinaria puede limitarse a recibir el brief, hacer preguntas básicas y prometer el envío de una propuesta.

Una reunión extraordinaria puede mostrar desde el inicio:

  • preparación;
  • conocimiento previo del cliente;
  • comprensión del contexto;
  • preguntas capaces de profundizar el desafío;
  • capacidad para ordenar información dispersa;
  • claridad respecto de los siguientes pasos;
  • y una lectura inicial que ayude al cliente a pensar mejor su propio proyecto.

Esto no exige entregar gratuitamente una solución completa durante la reunión.

Exige demostrar que la agencia no está esperando instrucciones para comenzar a aportar.

El cliente puede salir de esa primera conversación pensando:

“Entendieron lo que necesito.”

O puede salir pensando:

“Tendré que explicarles permanentemente cómo deben avanzar.”

Esa percepción se construye mucho antes de presentar una escenografía o una propuesta creativa.

La experiencia del servicio debe anticipar el estándar del evento

Si una agencia quiere producir una experiencia extraordinaria para los invitados, debería comenzar entregando una experiencia de servicio coherente al cliente.

Eso puede expresarse en:

  • reuniones bien conducidas;
  • respuestas dentro de los plazos comprometidos;
  • información clara;
  • seguimiento sin que el cliente deba insistir;
  • problemas acompañados de opciones;
  • documentos ordenados;
  • control de cambios;
  • y una lectura permanente de lo que realmente importa.

Un cliente que percibe desorden durante toda la preproducción puede llegar al evento con ansiedad, aunque finalmente todo funcione.

En cambio, un cliente que ha recibido señales consistentes de control puede vivir el proceso con mayor confianza.

La tranquilidad también forma parte del servicio.

No porque la agencia oculte los riesgos, sino porque demuestra que sabe identificarlos y hacerse cargo.

Una experiencia no es una suma de elementos

Un evento puede tener:

  • una buena locación;
  • gastronomía de calidad;
  • pantallas de gran formato;
  • un escenario correctamente montado;
  • una banda reconocida;
  • y una producción técnicamente impecable.

Sin embargo, esos elementos no garantizan que exista una experiencia coherente.

Pueden funcionar individualmente y no construir un relato común.

Esto ocurre cuando cada área toma decisiones correctas desde su especialidad, pero sin una definición compartida sobre lo que el proyecto necesita provocar.

Creatividad diseña una propuesta.

Producción busca ejecutarla.

Cuentas protege la relación con el cliente.

Los proveedores desarrollan sus servicios.

Pero si cada uno interpreta de manera diferente el propósito, el asistente termina recibiendo señales contradictorias.

La experiencia no depende solamente de la calidad de cada componente. Depende de la coherencia que existe entre ellos.

El objetivo comercial debe poder traducirse

Frases como estas aparecen con frecuencia:

  • queremos que sea innovador;
  • debe sentirse premium;
  • buscamos cercanía;
  • necesitamos generar confianza;
  • queremos sorprender;
  • debe transmitir energía;
  • buscamos fortalecer el sentido de pertenencia.

Son intenciones válidas, pero todavía demasiado amplias para producir.

Para transformarlas en una experiencia, deben comenzar a influir sobre decisiones concretas.

Si el objetivo es transmitir exclusividad, debemos preguntarnos cómo se expresa esa promesa en:

  • la cantidad de invitados;
  • la forma de convocarlos;
  • el traslado;
  • la atención;
  • los tiempos de espera;
  • el recinto;
  • los materiales;
  • la gastronomía;
  • el lenguaje;
  • y el nivel de personalización.

Si el objetivo es generar cercanía, quizás una gran puesta en escena frontal no sea tan coherente como un formato que facilite la conversación y reduzca la distancia entre asistentes y protagonistas.

La definición conceptual adquiere valor cuando permite decidir.

Lo premium no comienza en el salón

Imaginemos que una marca quiere desarrollar una experiencia de alta gama.

Puede invertir considerablemente en:

  • ambientación;
  • mobiliario;
  • técnica;
  • gastronomía;
  • contenidos;
  • y regalos.

Pero si los invitados esperan demasiado tiempo, reciben información confusa o son trasladados en una solución que no guarda relación con el estándar prometido, la percepción ya comenzó a deteriorarse antes de entrar.

El transporte cumple funcionalmente el mismo objetivo: llevar a una persona de un punto a otro.

Sin embargo, trasladar invitados en vehículos ejecutivos negros o en una Mercedes Vito puede comunicar algo diferente a hacerlo en una van genérica.

No porque una alternativa sea necesariamente mala.

Sino porque cada una produce una señal distinta.

Si la promesa es alta gama, todos los puntos de contacto deberían sostenerla dentro de las posibilidades reales del proyecto.

Una experiencia premium no se construye con un único elemento costoso. Se construye evitando que las decisiones pequeñas contradigan la promesa principal.

El asistente no separa las áreas internas

Dentro de la agencia puede existir una división clara entre:

  • cuentas;
  • creatividad;
  • producción;
  • técnica;
  • gastronomía;
  • acreditación;
  • transporte;
  • y proveedores.

El asistente no observa esa estructura.

Para él, todo forma parte del mismo evento.

Si la acreditación funciona mal, no piensa que falló un proveedor específico.

Si el transporte llega tarde, no distingue qué área debía coordinarlo.

Si el audio se corta, no analiza quién contrató el servicio.

Si recibe una atención poco cuidadosa, no separa esa experiencia del resto de la marca.

La organización divide responsabilidades para trabajar.

El asistente integra todas esas responsabilidades en una sola percepción.

Por eso, cada área necesita comprender cómo su trabajo influye en la experiencia completa.

La experiencia también se construye en decisiones invisibles

Muchos de los elementos que protegen una experiencia no son percibidos directamente por el público.

Por ejemplo:

  • un sistema de respaldo;
  • una prueba técnica;
  • una alternativa de transporte;
  • una verificación de accesos;
  • una muestra revisada previamente;
  • un proveedor especializado;
  • una reserva de capacidad;
  • o una decisión tomada con anticipación.

Si todo funciona, probablemente nadie hablará de ellos.

Pero su ausencia puede hacerse evidente de manera inmediata.

Una falla de audio interrumpe la comunicación y expone a la persona que está sobre el escenario.

Una falla de energía puede detener la operación completa.

Un control de acceso insuficiente puede modificar el ambiente, afectar la gastronomía o permitir el ingreso de personas no invitadas.

La experiencia no se protege únicamente mediante aquello que sorprende.

También mediante aquello que evita que la promesa se rompa.

La percepción del cliente también forma parte del resultado

En un evento pueden asistir cientos de personas y existir un grupo reducido que tendrá una influencia especial sobre la evaluación final.

Puede tratarse de:

  • el cliente directo;
  • su jefatura;
  • representantes de la marca;
  • invitados estratégicos;
  • ejecutivos;
  • o personas responsables de aprobar futuros proyectos.

Esto no significa que el resto de los asistentes deba recibir una atención deficiente.

La experiencia debe ser consistente para todos.

Pero el equipo necesita reconocer quiénes tendrán mayor exposición, responsabilidad o sensibilidad frente al resultado.

Por ejemplo, en un servicio gastronómico puede ser importante que el proveedor conozca discretamente quiénes son las personas responsables del proyecto y mantenga atención sobre su experiencia.

No se trata de generar un trato ostentoso que resulte evidente para los demás.

Se trata de evitar que quienes evaluarán directamente el evento sean también quienes deban perseguir una solución o informar un problema básico.

La percepción es parte de la realidad del proyecto, porque influye directamente en la forma en que el resultado será recordado y evaluado.

La experiencia necesita definirse antes de producir

Cuando producción recibe una propuesta ya desarrollada, puede ejecutar sus elementos, pero dispone de menos espacio para contribuir a la coherencia general.

Por eso, el kickoff entre creatividad, cuentas y producción es especialmente importante.

Cada área aporta una lectura diferente.

Creatividad

Interpreta el desafío y desarrolla el concepto.

Cuentas

Conoce el objetivo comercial, las expectativas, los antecedentes y la relación con el cliente.

Producción

Evalúa cómo esa promesa puede convertirse en una realidad coherente dentro de los plazos, el presupuesto y las condiciones disponibles.

La participación temprana de producción no debería utilizarse solo para limitar ideas.

Su función es ayudar a identificar qué elementos serán decisivos para que la experiencia exista realmente.

Una idea puede ser creativamente atractiva y, al mismo tiempo, depender de una ejecución que el plazo o el presupuesto no permiten sostener.

Detectarlo temprano abre alternativas.

Descubrirlo después de vender la propuesta obliga a corregir bajo presión.

El presupuesto también expresa prioridades

Todo presupuesto realiza una declaración, aunque no la formule explícitamente.

Muestra qué elementos recibirán más recursos y cuáles deberán resolverse de manera más simple.

El problema aparece cuando esa distribución no coincide con el objetivo de la experiencia.

Una propuesta puede invertir una parte importante del presupuesto en algo muy visible que no modifica sustancialmente la percepción, mientras mantiene débil un punto de contacto que sí resulta decisivo.

Por ejemplo:

  • una gran puesta en escena con una recepción desordenada;
  • una locación extraordinaria con transporte insuficiente;
  • un regalo costoso entregado en un empaque poco cuidado;
  • gastronomía de alto nivel con tiempos de atención deficientes;
  • o tecnología avanzada sin contenido capaz de aprovecharla.

El presupuesto no debería distribuirse únicamente según el atractivo de cada elemento.

También debería considerar cuánto aporta a la promesa central.

El esqueleto del presupuesto protege el espacio creativo

Antes de desarrollar completamente la propuesta, producción puede ayudar a reconocer los costos mínimos que el proyecto necesariamente deberá absorber.

Por ejemplo:

  • recinto;
  • personal;
  • transporte;
  • técnica básica;
  • permisos;
  • seguridad;
  • servicios;
  • logística;
  • y montaje.

No se trata de cerrar el presupuesto antes de que exista una idea.

Se trata de evitar que creatividad trabaje imaginando que todo el monto disponible podrá destinarse a los elementos diferenciadores.

Cuando los costos inevitables se hacen visibles, el equipo puede comprender cuánto espacio real existe para construir la experiencia.

Esto puede sentirse como una restricción.

Pero también ayuda a concentrar los recursos en aquello que tendrá mayor impacto.

El presupuesto no debería apagar la creatividad. Debería ayudarla a trabajar sobre una realidad que todavía permite decidir.

Producción no debería limitarse a decir que no alcanza

Cuando una idea supera el presupuesto o no cabe dentro del plazo, existe una respuesta fácil:

“No se puede.”

Puede ser técnicamente correcta, pero insuficiente.

La responsabilidad de producción es explicar:

  • qué parte genera el problema;
  • qué condición no puede cumplirse;
  • qué impacto tendría mantenerla;
  • y qué alternativas permitirían proteger el objetivo.

Una solución puede cambiar físicamente y conservar el efecto buscado.

También puede mantener el objeto original y perder completamente su propósito.

Por eso, la discusión no debería centrarse exclusivamente en cuánto se parece la alternativa a la idea inicial.

La pregunta central es:

¿Esta nueva solución sigue haciendo sentir aquello que el proyecto necesita transmitir?

Una alternativa es válida cuando protege la experiencia

Imaginemos que un elemento específico ya no puede fabricarse.

Existen dos maneras de reaccionar.

La primera es buscar el reemplazo más parecido visualmente.

La segunda es comprender qué función cumplía ese elemento dentro de la experiencia.

Quizás debía:

  • sorprender;
  • orientar;
  • generar interacción;
  • transmitir tecnología;
  • facilitar una conversación;
  • producir una fotografía;
  • o marcar un momento de transición.

Cuando se comprende esa función, aumentan las opciones.

La alternativa correcta puede utilizar otro material, otra escala o incluso otro tipo de solución.

Lo importante es que mantenga el propósito dentro de las nuevas condiciones.

La experiencia se protege conservando el objetivo, no necesariamente cada componente original.

Más elementos no significan una experiencia más fuerte

Existe una tendencia a enriquecer propuestas agregando componentes.

Más pantallas.

Más actividades.

Más decoración.

Más regalos.

Más contenidos.

Más momentos.

El resultado puede ser una experiencia intensa, pero también confusa.

Si un elemento no contribuye al objetivo, puede convertirse en:

  • ruido;
  • costo;
  • carga operativa;
  • riesgo;
  • o una distracción.

Una propuesta sólida no necesariamente tiene muchas cosas.

Tiene las decisiones correctas trabajando en la misma dirección.

En algunos casos, eliminar un elemento permite que otro tenga mayor fuerza.

La experiencia no depende del volumen de estímulos.

Depende de la claridad con que se construye la percepción.

La experiencia del cliente debe confirmarse en la experiencia del invitado

El estándar que se promete durante la relación comercial debe ser coherente con aquello que finalmente vivirá el público.

Si la agencia transmite orden, atención y alto nivel de servicio durante todo el proceso, pero el invitado encuentra esperas, información confusa o una operación descuidada, la promesa se rompe.

Lo mismo ocurre en sentido contrario.

Un evento puede verse extraordinario, pero si el cliente tuvo que perseguir respuestas, ordenar a la agencia o resolver personalmente problemas que debía conducir el equipo, su evaluación final probablemente será distinta de la impresión del público.

Por eso, producir una experiencia no consiste únicamente en diseñar momentos para el asistente.

También implica construir una relación de trabajo donde el cliente pueda experimentar anticipadamente el estándar que su evento pretende representar.

Lo que queda no es cada detalle aislado

Después de un evento, la mayoría de las personas no recordará:

  • el modelo exacto de una pantalla;
  • la marca del mobiliario;
  • cada plato servido;
  • la cantidad de focos;
  • o el nombre de todos los proveedores.

Recordará una impresión general.

Cómo se sintió.

Cómo fue tratada.

Si algo la sorprendió.

Si se sintió parte.

Si percibió coherencia.

Si vivió un momento relevante.

El cliente también recordará cómo fue trabajar con la agencia.

Si tuvo claridad.

Si confió.

Si debió perseguir respuestas.

Si los problemas fueron conducidos.

Si la promesa de servicio se sostuvo antes, durante y después del evento.

Por eso, todos los componentes deberían entenderse como medios y no como fines.

La producción no existe para instalar objetos.

Existe para ayudar a convertir un objetivo en una experiencia que el cliente y los invitados puedan vivir y recordar.

La ejecución comienza mucho antes del montaje

Una experiencia consistente requiere que el objetivo comercial sea comprendido por quienes toman decisiones creativas, operativas y de servicio.

Cuando esa claridad no existe, el proyecto puede llenarse de elementos correctos que no construyen una percepción común.

Cuando existe, incluso una propuesta acotada puede sentirse sólida, porque cada parte protege el mismo propósito.

El valor de la agencia no está solamente en hacer que las cosas ocurran.

También está en demostrar, desde la primera reunión, cómo será trabajar con ella y en conseguir que ese estándar llegue intacto hasta la experiencia final del invitado.

CONCLUSIÓN

¿Qué sigue?

Este artículo permite mirar la experiencia como una consecuencia de decisiones conectadas, pero no define automáticamente qué puntos de contacto son prioritarios en cada proyecto.

Esa lectura depende del objetivo comercial, el público, el presupuesto, el plazo, el contexto, la forma de servicio y la promesa que la organización necesita sostener.

Cuando una propuesta contiene muchos elementos, pero no existe claridad sobre cómo contribuyen al objetivo o qué experiencia deberían vivir tanto el cliente como los invitados, ARS puede ayudar a analizar el proyecto y ordenar la conversación entre estrategia, creatividad, servicio y ejecución.